24 Canciones a 24 Fotogramas / Nº 11

Siempre me he declarado muy fan de Jim Carrey. Y no tanto por su vis cómica como sobre todo por su enorme capacidad para adoptar papeles dramáticos. De hecho creo que el mejor Carrey está en películas como The Truman Show, Man on the moon o Eternal sunshine of the spotless mind. Y posiblemente sea este último el mejor trabajo de su carrera. Además tiene como compañera protagonista a la que considero mejor actriz de esta última década: Kate Winslet. En el reparto aparecen también otros nombres tan respetables como los de Tom Wilkinson y Kirsten Dunst.

Es cierto que Eternal sunshine of the spotless mind (2004) no es la típica película convencional que nos llega cada dos por tres desde EE UU. No lo es narrativamente, ni en sus formas ni aún menos en su estructura. Pero que sea compleja no quita que también sea hermosa. Porque lo es y mucho.

Y me vais a permitir que me tire a la piscina diciendo que es la mejor película sobre el amor que he visto en mi puta vida. Y digo sobre el amor, que no romántica, porque es una grandísima y brutal demostración de lo absurdo, injusto y tremendamente dañino que resulta manipular la realidad y el concepto que tenemos de la otra persona con el fin de intentar olvidarla para seguir adelante.

Charlie Kauffman – guionista de la película – hace una descripción bastante certera del doloroso tránsito emocional que se puede vivir al aplicar semejante aberración en nuestra mente, y lo logra abarcando la idealización y el hastío como caras opuestas de una misma moneda. No en vano todo lo que escribe Kauffman termina convirtiéndose en oro. Being John Malkovich, Adaptation o Synecdoche (su primera película como director) son buenos ejemplos de por qué es uno de los mas laureados en el cine más reciente.

Pero para que un guión cumpla con su misión hace falta un director comprometido con lo que hay escrito. Un creyente a pie juntillas de cada coma. Alguien capaz de llevar el verdadero sentido de las palabras a una puesta en escena capaz de emocionar al espectador. Y nadie mejor que Michel Gondry (que lleva innato el sello del riesgo) para asumir dicha labor.

El francés – que siempre se ha mostrado de lo más innovador dirigiendo videoclips para The Chemical Brothers, Radiohead, The White Stripes o Björk – se puso el listón tan alto con esta película que todo lo que hizo después en cine fue verdaderamente desastroso.

A lo que venía: ojito con la original soundtrack de ¡Olvídate de mí! (la peor traducción de un título en la historia del cine, a mi juicio). Everybody’s gotta learn sometimes es el tema central que interpreta Beck, una gozada musical que está a la altura de una película tan bien contada como filmada. No os la perdáis, joder.

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