24 Canciones a 24 Fotogramas / Nº 9

La búsqueda del sueño americano. Infinidad de películas norteamericanas parten de esta idea. Distintos argumentos para una misma meta. Pero entre todas las películas que parten de esta misma premisa destaca una por encima del resto: Rocky (1976), nombre de un joven italo-americano dispuesto a trabajar donde y como sea con tal de poder boxear de forma profesional y pelear por un título.

No sé si a estas a alturas queda alguien que no la haya visto. Alguno dirá que sólo escenas sueltas y que no le interesa el tema, que pasa de películas de boxeo, de americanadas o simplemente de Sylvester Stallone. Ellos – y sobre todo ellas – se lo pierden por la misma historia de siempre: quedarse en la puta superficie de las cosas sin querer ahondar en la psique humana. Después se aplica en la vida y es entonces cuando aparece la venda que tapa los ojos pero no el corazón.

Muchos se llenan la boca con el cine independiente y a la vez ignoran que antes se le llamaba serie B. También desconocen que Rocky es un proyecto muy personal de Sylvester Stallone y que el guión es de su puño y letra. Cierto es que el texto original tenía un tono mucho más oscuro y pesimista, pero luego llegaron los productores y convencieron al director John G. Avildsen para que diese un aire más positivo al asunto.

Con apenas un millón de dólares (cantidad irrisoria para hacer una película de este calibre), rodada en menos de un mes y con un montón de amigos y familiares de Stallone trabajando como extras, Avildsen dirigió con gran oficio uno de los filmes más rentables de la historia: casi 120 millones de dólares recaudados y tres Premios Oscar de la Academia a la mejor dirección, película y montaje (además de otras siete nominaciones, incluida la de Stallone a mejor actor).

Han pasado más de treinta años desde que el mundo disfrutara por primera vez de esas emocionantes imágenes en las que Rocky Balboa corre incansablemente por las calles de Philadelphia hasta llegar al Museo de Arte, subir sus escaleras – conocidas desde entonces como Rocky steps o los escalones de Rocky –  y llegar triunfante a la cima.

Nadie podrá sacar dicha escena de la cabeza de al menos tres generaciones. Tampoco su enérgica melodía compuesta por Bill Conti y titulada Gonna fly now. O mejor dicho: la canción de Rocky.

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