Gentuza

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Érase una vez una ciudad donde los más jóvenes querían ser como su alcalde, referente intelectual y amigo de todos sus conciudadanos. Bueno, de todos menos de aquellos que pensaban distinto a él (perdón por lo de “pensar”) o que le criticaban sólo por envidia o por hacerle daño.

Érase una vez una ciudad cuyo referente moral era un cómico populista que nunca hablaba mal de Jaén porque todo lo bueno compensaba. Un tipo cercano que hacía vídeos simpáticos con futbolistas y presumía de apoyar todas las iniciativas locales. Bueno, todas menos aquellas que pudieran sentar mal al gran corazón de su buen amigo el alcalde.

Érase una vez una ciudad cuyo ideal de crecimiento era la apertura de otro gran centro comercial. Una ciudad cuyo ideal de la cultura empezaba en la semana santa y acababa en la semana santa (con minúscula, porque el respeto hay que ganárselo), pasando por el botellón, la tuna, las compras en Granada y visitar Madrid una vez al año, que no hace daño.

Érase una vez una ciudad donde los críticos eran la peste y quienes huían para buscarse la vida eran unos cobardicas y unos descastados. Una ciudad donde los buenos ciudadanos llamaban inútil a cualquiera que se mostrara disconforme y quienes vivían sin molestar a nada ni nadie eran beatificados como “gente llana y humilde”.

Érase una vez una ciudad que se había convertido en propiedad privada y exclusiva de unos pocos santurrones sabelotodos dispuestos a cualquier cosa para encarecer el cortijo y arruinar los alrededores llenos de gentuza.

Gentuza que seguía, sigue y seguirá haciendo de esa ciudad un lugar hermoso y respirable. Gentuza que conviene tener cerca incluso en la distancia. Gentuza que vomitaría de asco ante la sugerencia de salir en una foto con el alcalde de su ciudad. Una ciudad que no es más suya que mía, por mucho que insistan él y sus exquisitos lacayos.

Gracias a gentuza como Alberto Quero por crear una imagen que duele a quien le tiene que doler, expresando el totalitarismo reinante en el epicentro de la pleitesía. Gracias a gentuza como él y otros tantos por hincar los dientes en lugar de apretarlos en territorio comanche.

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