La pureza de lo imparable

El fútbol puede ser poesía. Cientos de jugadores y equipos lo han demostrado, lo siguen demostrando y, tal y como promete la evolución de este deporte, lo seguirán demostrando.

Grandes equipos y selecciones han hecho del fútbol una emoción imborrable para el gran aficionado, cuya memoria goza lo indecible cada vez que resurgen nombres de cracks (cada uno tiene los suyos), instantes (cada uno tiene los suyos), alegrías y derrotas (cada uno tiene las suyas).

Hay detalles de nuestra memoria que pueden coincidir con los de otro, pero la pasión y los gustos no están para coincidir sino para ser vividos en primera persona. Por supuesto que se disfruta compartiendo, pero esa alteración química que produce el fútbol es exclusiva e individual. Si buscamos compartir el sufrimiento y el éxtasis es para no sentirnos bichos raros, que es en lo que nos convertimos mientras los nervios nos dominan antes, durante y después del partido.

En mi memoria habitan nombres como Luis Enrique, Hierro, Seedorf, Papin, Casillas, Maldini, Sergi, Baressi, Ronaldo, Van Nistelrooy, Rossi, Zubizarreta, Ibrahimovic, Cañizares, Hesp, Sempere, Hagi, Van Basten, Diezma, Makaay, Pizzi, Claudio López, Kiko, Simeone, Guerrero, Riquelme, Cafú, Matthaus, Ronaldinho, Zidane, Messi, Sheringham, Figo, Xavi, Shevchenko, Tsartas, Guardiola, Recoba, Redondo, Puyol, Eto’o, Bierhoff, De la Peña, Vieri, Hasselbaink, Cocu, Inzaghi, Makelele, Rivaldo, Kluivert, Kanouté, Khan, Raúl, Bakero, Laudrup, Zamorano, Amor, Roberto Carlos, Koeman, Stoichkov, Romario, Morientes, Ilie, Giggs, Cantona, Nayim… La lista es mucho más grande y la seguiría escribiendo de carerrilla.

También hay sitio en mis sesos para instantes maravillosos, demasiados como para ponerse a seleccionar aquí y ahora. Y si tengo que elegir los nueve mejores equipos que han visto mis ojos jugar, esos serían el Milan de Sachi, el Barça de Cruyff, la selección de Bulgaria del Mundial ’94, el Manchester de Ferguson de finales de los noventa, el Madrid de del Bosque, el primer Bayern de Hitzfeld, la Francia del Mundial ’98 y la Eurocopa ’00, el Barça de Rijkaard y la selección de España de la Eurocopa ’08 y el Mundial ’10.

Muy por encima de todos está el equipo número diez. El diez del fútbol que yo he conocido: el Barça de Pep Guardiola. Ahí están sus goles, sus números, sus récords y, sobre todo, su fútbol. No necesita más defensa. Cuando pase todo el ruido mediático y talibán se podrá hablar con la calma que merece este asunto. Mientras tanto toca disfrutarlo sin miramientos.

Si un nombre quedará grabado a fuego en la memoria colectiva ese será el de Pep Guardiola. Sobran nuestras palabras, bastan las suyas y los hechos. Si algún día cometo la locura de tener hijos será en gran parte para ponerles estos documentos:

En primer lugar esta conversación con Fernando Trueba, uno de esos tipos que nos hacen mejores. Necesitaríamos al menos otros cien Fernandos Truebas para que este país alcanzara una media decente y digna de inteligencia, saber estar y buen gusto. Por desgracia sólo hay uno y es un gustazo verlo sentado junto a Pep.

Y en segundo lugar, pero no menos importante, su enorme e imprescindible discurso en el día que se le entregó la Medala d’Honor del Parlament de Catalunya. Un premio de que cualquier amante del deporte debería alegrarse. Escuchad y sonreíd con las orejas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s