El otro lado de la valla

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Hoy en Salvados hemos visto cómo fuerzas auxiliares marroquíes golpeaban sin piedad a los inmigrantes bajo la permisividad de la Guardia Civil, cuya única preocupación era conseguir que las cámaras dejasen de grabar lo que estaba pasando.

Sucede en España que, cuando el dedo señala a quienes levantan, excusan y defienden la valla, el ignorante desprecia al tipo del dedo. O mejor dicho: cuando el dedo señala al que abusa, el imbécil amputaría el dedo, la mano y la cabeza.

Porque en este país, además de carecer de memoria y piedad, carecemos de empatía. Porque somos una sociedad ignorante y envenenada. Peor aún: somos una sociedad encantada de ser ignorante e incapaz de escupir el veneno. Nos gusta demostrar que somos mierda y por eso entregamos el poder a la mierda.

Salvados ha conseguido (entre muchas otras cosas) que la crudeza sobrepase con creces la valla de la pantalla. La relevancia cruda y brutal del silencio, la mirada y la empatía. Tres cosas que no sabemos valorar, disfrutar ni entender.

Gracias a Salvados, hoy más que siempre.

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