Una obviedad de cine

No hay ninguna otra película que haya visto tantas veces como THE SHINING. Me hipnotiza, me asombra, me transporta, me horroriza, me angustia, me vence, me aplasta. La he visto en muy diferentes edades, situaciones y compañías, pero la de ahora está siendo FABULOSA. Os cuento:

Estoy tratando de dormir a mi hijo. Junto a su cama tenemos un sillón-mecedora, cada noche me siento ahí y el pequeño, a su vez, lo hace sobre mi regazo, dando bastantes vueltas hasta caer rendido. Y entonces lo mando a su cama. No será la mejor manera pero es la nuestra.

A veces, al otro lado de la pared, se escucha un poco el volumen de la TV de la habitación del edificio contiguo, donde vive un señor que conozco y que es casi tan viejo como el propio edificio. No es nada insoportable y suele durar pocos minutos, por eso nunca le he mencionado nada.

Resulta que esta noche, mientras mi hijo se retorcía sobre mis lorzas estomacales, escuchábamos THE SHINING (en VO, parece que al señor mayor le gusta el cine y/o no le gusta que le engañen). Total: que me ha dado por pensar una obviedad que no por básica me parece menos maravillosa:

El mismo sonido que para un niño aún no significa absolutamente nada, para un adulto puede significarlo casi todo. Mientras a mí me venían todas las imágenes y todos los escalofríos de golpe, él comenzaba a roncar sin la más mínima preocupación. El Cine. La Vida. La Magia.

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